Columna en El Líbero: Avances en calidad de la educación

16 de Julio, 2018

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Por Daniel Rodríguez, director ejecutivo de Acción Educar.

El Ministerio de Educación ha intentado volver a poner el foco en la calidad de la educación escolar. Se ha hablado de un Plan Nacional de Calidad, pero por ahora sólo se conocen iniciativas puntuales. Algunas tienen un carácter comunicacional, como la mesa que encabeza Mariana Aylwin, pero otras son de fondo, como el Centro de Innovación que el Ministerio acaba de fundar.

Las primeras iniciativas de este centro buscan promover elementos clave como el aprendizaje de la programación y la transferencia de buenas prácticas innovadoras entre entidades públicas y privadas, todo en alineamiento con el curriculum nacional y otras iniciativas disponibles. Para un Ministerio que durante cuatro años no hizo sino mirar el sistema educativo con nostalgia de un pasado que nunca existió y al mismo tiempo despreciar el presente –motejándolo de neoliberal, privatizado, segregador, elitista y otras palabras de montonera estudiantil– este Centro de Innovación es aire fresco que nos hace pensar que hoy se mira hacia el futuro. El plan de fiscalización de la Superintendencia y la consulta a las comunidades indígenas, ambas anunciadas la semana pasada, son también caras fundamentales, pero menos conocidas, de lo que constituye una educación de calidad.

Sin perjuicio de ello, no debe olvidarse que el aseguramiento de la calidad en nuestro sistema educativo tiene una institucionalidad vigente desde 2012. El Sistema de Aseguramiento de la Calidad (SAC), constituido por el Ministerio de Educación, la Superintendencia, el Consejo Nacional de Educación y la Agencia de Calidad, es una institucionalidad moderna que busca entregar apoyo y orientación a los establecimientos; al mismo tiempo, los hace rendir cuenta sobre los logros de aprendizaje de los estudiantes y su desarrollo personal y social, así como también el resguardo de sus derechos y el cumplimiento de la ley. Se trata de un diseño de política equilibrado, con pesos y contrapesos que aseguran transparencia y mutuo control en la acción de las distintas entidades públicas. El ente rector es el Ministerio de Educación.

Es por esto que el Ministerio no debiera, en rigor, correr demasiado con colores propios en esta materia. Las iniciativas y programas que busque promover deben estar insertos en esta institucionalidad, comunicarse y coordinarse con ella, entendiendo que no está llamado, como secretaría de Estado, a actuar sobre los establecimientos. La normativa que nos rige le entrega una dimensión de esa potestad a la Agencia de Calidad –la orientación de los establecimientos hacia trayectorias de mejoramiento– y otra a la Superintendencia –la fiscalización-. El Ministerio sólo llega físicamente a los establecimientos a solicitud de los mismos, cuando requieren del apoyo que el mismo SAC les permite. Como ente rector, entrega normas y determina políticas, pero, en virtud de la protección de la libertad de enseñanza y la autonomía de los establecimientos, no está llamado a “entrar” en la sala de clases. Su deber es guiar, facilitar y coordinar a la Agencia y la Superintendencia, creadas especialmente para dicho fin, con las limitaciones que permite la protección de la autonomía de los establecimientos.

El Centro de Innovación es totalmente compatible con esta institucionalidad, lo que debe celebrarse. No lo son, ni lo serán, planes de intervención como el P-900, el PAC u otros programas focalizados que han sido históricamente un fracaso. La idea de intervenir desde arriba ha sido una fantasía sorprendentemente persistente en diversas autoridades del Mineduc. Pero un gobierno que cree en las capacidades de las personas y las instituciones para determinar autónomamente el destino de su proyecto no debe caer en la falacia de creer que “a mí sí me va a resultar” o en los cantos de sirena de algún gurú o fórmula mágica. El mejoramiento escolar es un proceso complejo, impredecible, que proviene y se sustenta en las mismas comunidades cuando la autoridad logra garantizar condiciones, orientar y sancionar. Hasta ahora este Ministerio no ha caído en la tentación de entrar en el aula y tomar el control. Ojalá nos libremos de ello.

Leer columna en El Líbero.

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