Columna en La Tercera: La tarea de los parlamentarios

8 de Junio, 2016
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Por Daniel Rodríguez, investigador Acción Educar.

Un grupo de senadores de la Nueva Mayoría ha presentado un proyecto de ley que busca limitar las tareas escolares. El objetivo declarado es fomentar el buen uso del tiempo de la Jornada Escolar Completa y evitar el agobio de los estudiantes. Esto no es novedad: un par de diputados de la UDI presentó una iniciativa en la misma línea hace poco tiempo.

Independiente de la importancia de las “tareas para la casa” en el aprendizaje de los estudiantes o en otras dimensiones de la calidad de la educación (los mejores meta-análisis muestran que el efecto de las tareas en el aprendizaje es entre bajo y moderado, pero positivo), llama la atención el oportunismo de los legisladores respecto a un tema significativamente lejano al hemiciclo. Esta iniciativa hace recordar tantas otras en las que se buscó intervenir el curriculum escolar para hacer obligatoria la educación financiera y la enseñanza del teatro. Todos estos temas, bien tratados por docentes expertos junto a un currículum integrado a otras asignaturas y metodologías de proyecto, son relevantes en la educación escolar, nadie podría negarlo. Lo que resulta difícil de entender es porqué esa decisión queda en manos de representantes políticos, y no de los líderes pedagógicos de los establecimientos, los directores.

Un director está mejor posicionado para tomar decisiones sobre si sus estudiantes requieren más o menos tareas, más teatro o más educación financiera. Tiene información de primera fuente, cuenta con datos de logro de aprendizaje (aunque la Agencia de Calidad le ha quitado varios), conoce el contexto de su establecimiento y se ha tomado el tiempo de analizarlo (a menos que la Superintendencia haya llegado con algún enrevesado requerimiento, algo más que probable si es particular subvencionado) y conoce las capacidades de sus profesores para enfrentar desafíos de esa envergadura. Su decisión podría estar respaldada por su proyecto educativo, quizás por los padres o eventualmente por el Consejo Escolar. Muy poco que ver en esto tiene el Seremi o el lejano Ministerio de Educación, futuro dueño controlador de los establecimientos municipales. Puede que en algunos colegios exista sobrecarga de tareas, y en otros probablemente no; puede que algunos alumnos necesiten reforzar ciertas materias; puede que haya padres y alumnos a favor de las tareas, etc. Entonces ¿por qué regular esta materia por ley? y más aún ¿porqué prohibirlas?

Si la propuesta responde a la inquietud de un grupo de padres, es de toda lógica que se dirijan a sus establecimientos educacionales a tratar la materia. Pero plantearla a los parlamentarios como materia de ley es sacarla de contexto e impedir que el problema se resuelva bien por quienes tienen las competencias para ello. Convertir un eslogan como “la tarea es sin tarea” en una ley es irresponsable e injusto porque no considera la realidad de cada estudiante ni cada establecimiento. Nuevamente, los que no protestan no son tomados en cuenta.

Finalmente, algo como el número de tareas escolares está lejos de ser el centro de nuestros graves problemas de aprendizaje en la educación escolar. Ojalá lo fuera, pero la verdad es que según PISA, 52% de nuestros estudiantes no logra los aprendizajes más elementales en matemática, y no está preparado para enfrentar la sociedad del conocimiento en el futuro. La tarea de los parlamentarios es generar las condiciones para que los directores puedan tomar decisiones pedagógicas y exista más libertad de los padres para elegir un proyecto que se adecúe a sus necesidades. Con o sin tareas, partamos por el principio.

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