El Mercurio: El largo camino que implica generar cambios en la PSU

La posibilidad de incluir preguntas de desarrollo se está analizando, aunque requisitos como capacitar a los correctores podrían tardar hasta una década. Que las universidades tengan sus propios sistemas de admisión sería útil para conocer más a los postulantes, pero no para las finanzas de cada establecimiento.

Por M. Cordano

Aunque prometía ser un mejor instrumento para predecir el desempeño académico durante el primer año de universidad, en la práctica la Prueba de Selección Universitaria (PSU) no introdujo mayores cambios en comparación con su antecesora, la Prueba de Aptitud Académica. Por lo mismo, desde principios de año, el Departamento de Evaluación, Medición y Registro Educacional (Demre) se encuentra en una etapa de recopilación para ver qué tan factible resulta generar cambios en el actual modelo. “Lo que queremos hacer es proporcionar evidencia, mostrar qué pasa con nuestros datos. No queremos que alguien de afuera llegue y nos diga que esto no funciona. Queremos decirlo nosotros y en base a antecedentes concretos”, explica Alejandra Osses, jefa de la Unidad de Desarrollo y Análisis.

Con este objetivo en mente, durante el primer semestre del año más de 2 mil escolares de las comunas de Santiago, Colina y Talagante participaron en ejercicios piloto para probar los prototipos de nuevas pruebas. En una conferencia desarrollada a propósito de los 20 años del Demre, Osses explicó que en esta primera fase -y a diferencia de lo que ocurre ahora, donde el test funciona en base a la selección múltiple- se incorporaron preguntas de desarrollo.

Así, por ejemplo, se pedía a los estudiantes imaginar que estaban colaborando con un programa que busca enseñar a personas de más edad a usar las nuevas tecnologías. “Escoja un equipo, aplicación o red social y escriba una entrada de enciclopedia como las de Wikipedia en la hoja de respuesta asignada”, indicaban las instrucciones del test prototipo de Escritura, desarrollado con ayuda del Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile. El área de Matemáticas lo asesoró el Centro de Modelamiento Matemático de la misma casa de estudios, mientras que el de Ciencias contó con ayuda de Educluster, grupo finlandés que trabaja con estas competencias.

“De manera preliminar sabemos que (los alumnos) ven diferencias, que encuentran las preguntas difíciles porque tienen que pensar mucho más. Se dan cuenta de que no es contenido, que ponen en juego habilidades”, indicó Osses. “Se quejan porque esto no se los enseñan en los colegios, que los entrenan para rendir la PSU. En las preguntas abiertas tuvimos mucha omisión y la hipótesis que manejamos es que están entrenados para contestar pruebas de selección múltiple”, agregó respecto de los resultados obtenidos por jóvenes de 4° medio.

“La idea de incorporar preguntas de desarrollo es interesante, pero implicaría un cambio importante en la entrega de resultados. Tanto el Simce como otros tests internacionales -PISA o GRE, por ejemplo- tienen preguntas abiertas o de desarrollo, pero su corrección requiere capacitar a un grupo muy significativo de profesionales que sean capaces de alinearse y armonizar criterios bastante complejos para hacer una corrección que tenga validez y además que sea justa”, cree Daniel Rodríguez, investigador de Acción Educar.

En efecto, desde el Demre advierten que el proceso sería lento: los cambios educacionales son a 10 años, explicaron.

Complementos

“Me parece que deberíamos avanzar hacia una admisión más compleja, que incluya una variedad de instrumentos para evaluar al estudiante que complementen a los test estandarizados. Esto podría aliviar el sesgo socioeconómico y académico de la PSU, pero para que se haga realidad como sistema único de admisión se requiere de tiempos y recursos con los que hoy no se cuenta. Son las mismas universidades las que debieran invertir y preocuparse de definir criterios de admisión más precisos e inteligentes de acuerdo con su misión o proyecto educativo”, dice Rodríguez.

Concuerda María Jesús Honorato, directora del Comité Curricular de la Facultad de Educación de la Universidad del Desarrollo. “Una carta o ensayo -un requisito que piden muchos establecimientos estadounidenses- le permite al estudiante una oportunidad para comunicarse con la institución a la que quiere acceder de forma más personal. Le permite a su vez revelar quién es, sus intereses y motivaciones. Le permite también destacarse frente a otros por su experiencia personal”, plantea.

En este escenario de mayor conocimiento, es probable que ambas partes terminen ganando, pues entienden mejor a qué apunta cada una de ellas.

“Sin embargo -cree Rodríguez-, con el déficit financiero que implican las políticas de financiamiento de la gratuidad, es muy difícil que las universidades puedan asignar recursos a ello”.

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